Sobre el calendario

Se acabó. Otro más. Suma y sigue. Uno, más otro, más otro, más otro más y así van 2016 (según el calendario gregoriano, claro). Hora de pensar, echar la vista atrás y ver si el año ha sido tan fructífero como el 1 de enero de 2016 pensábamos que iba a ser. Sí, aquella “página 1 de 365” que seguramente ya hayas olvidado…

Una pequeña duda que tengo. ¿Por qué el año empieza en enero y termina en diciembre? Si nos remontamos al siglo II a.C. obtendremos la respuesta: su origen está en un conflicto bélico entre el Imperio Romano y Segeda, un pueblo celtíbero del interior peninsular. Pero no, eso no es lo que busco. Por lo que estoy leyendo, aquella modificación en el calendario (la cual persiste en la actualidad) se hizo para organizar a las tropas antes de una batalla.

No sé el vuestro, pero yo soy estudiante y mi año termina en junio. Momento para, aparte de desconectar, valorar y reflexionar sobre el curso: lo que he hecho bien, lo que he hecho mal, lo que cambiaría, lo que trataré de repetir o evitar el próximo año escolar… Lo mismo sucede (generalmente) en el mundo laboral: las empresas suelen ofrecer los periodos vacacionales más largos a sus empleados en verano, periodos que se usan para separar un año “profesional” de otro. Y lo mismo pasa con, por ejemplo, La Liga de fútbol, que comienza en agosto o la NBA, que comienza en octubre.

Ojo, y con esto no estoy diciendo que tengamos que adaptar el calendario a nuestros cursos escolares, profesionales, temporadas deportivas… Realmente no es algo que necesitemos. Sería una locura modificar otra vez el calendario. ¿Se imaginan? En un par de semanas no terminará el año, sino que volverá a ser 20 de junio, el primer día del año del calendario gregoriano.